El señor Torner y el espía de Las Orcadas

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¡Resuelto por Perfro! Enhorabuena [Solución]

Por tokamak

El temporal azotaba con fuerza monstruosa en Las Orcadas y nubes funestas se arremolinaban sobre el vetusto vapor amarrado al muelle de Stromness. El señor Torner alzó las solapas de su gabardina, se sujetó el tirolés con una mano y se aferró con la otra al pasamano de la vacilante rampa para descender poco a poco a tierra, mientras el viento arrancaba tonos ululantes a las vibrantes jarcias de los pesqueros fondeados en la amplia dársena.

A media altura se detuvo un instante para echar un vistazo alrededor. El apretado caserío, en el que destacaba la aguja de la iglesia, le recordó a algún puerto asturiano, como Lastres o Castropol. Hacia el sur, al otro lado del brazo de mar, se extendía una sierra que se alzaba hasta fundirse con la base plana de las nubes tormentosas.

Un Rover 16, sin ningún tipo de distintivo, le esperaba bajo la lluvia, reluciente como un lustroso escarabajo negro. El chófer, un recluta imberbe, le abrió la puerta y, sin decir palabra arrancó el vehículo, guiándolo sobre los resbaladizos adoquines de Stromness, mientras, en el asiento trasero, Torner meditaba acerca de las razones por las que habría sido requerido, tan perentoriamente, y de forma tan secreta, a esta remota Thule, barruntando hipótesis al respecto.

El automóvil se detuvo frente a un edificio de piedra gris de cuatro pisos. La fachada tenía tres módulos y un pórtico central, flanqueado por dos columnas que sostenían un frontón curvo. El tejado era de pizarra y con buhardillas. Al criptógrafo la construcción le pareció fea y con aspecto de hotelucho de medio pelo. A ambos lados de la puerta se habían instalado garitas para la guardia, protegidas con una fila de sacos terreros.

-Señor, le esperan en el Cuartel General. Sígame por favor. Le dijo el chófer desde la calle, tras abrirle la puerta.

Tras los controles de rigor, fue conducido hasta un amplio despacho del primer piso, donde de inmediato fue recibido por un individuo, de semblante duro e impecablemente trajeado con el uniforme de capitán de navío de la Royal Navy, que le tendió la mano esbozando una seca sonrisa. Los galones dorados de la manga brillaron más que el mortecino alumbrado de guerra.

-Buenos días señor Torner, lamento las prisas y las pésimas condiciones en que ha tenido que hacer el viaje, pero así suelen ir las cosas por Las Orcadas. Sé que, a pesar de todo, sabrá disfrutar de esta tierra y de la hospitalidad que en ella le brindarán los naturales y la Royal Navy. Mi nombre es John Henry Godfrey, y estoy al mando de la División de Inteligencia Naval, el NID.

-Ah sí –apuntó Torner- la Room 39.

-Efectivamente. Bien voy a ir al grano. Sabemos que llevaba un tiempo retirado de sus actividades, pero necesitamos de sus servicios urgentemente. Todo el mundo recuerda su labor durante La Gran Guerra y abrigo la esperanza de que pueda ayudarnos a resolver un inconveniente que tenemos aquí, y que afecta a la seguridad de la base naval de Scapa Flow.

-Creo saber cuál es su problema. –Atajó Torner- Tienen un espía en las islas que constantemente informa al III Reich de los movimientos de la flota y del estado de los buques. El verdadero dilema es que no tienen ni idea de cómo lo hace, y eso es lo que pretenden que yo averigüe. ¿No es así?

El rostro del almirante se ensombreció.

-Pero ¿cómo es posible que esté al tanto del asunto?-dijo con un punto de asombro- Es imposible que exista una filtración en un tema de tan alto secreto.

-Es algo evidente, almirante. Fíjese: en octubre del año pasado un submarino logró introducirse en esta bahía y echó a pique al H.M.S. Royal Oak . La tragedia aún está reciente. No se me ocurre ninguna forma en que haya podido entrar y salir a través de este laberinto, tan vigilado, de canales e islas, con corrientes más rápidas que la velocidad de un sumergible, si no es con información actualizada y precisa facilitada desde el interior. Recuerde que en la pasada guerra dos submarinos alemanes fracasaron en el intento. Y si me han llamado, es que creen que ese informador aún sigue por aquí.

-Ahora bien –continuó- sin duda no me han avisado para registre cada cottage de este archipiélago a la búsqueda de un espía, así que el problema ha de estar en conocer en cómo hace partícipe al enemigo de sus averiguaciones. Porque está bien claro que cualquier emisión de radio no controlada sería localizada por radiogoniometría y silenciada con presteza. Otros medios, como heliógrafos o bocinas, son altamente indiscretos, en tanto que las palomas mensajeras precisan de un palomar desde el que operar, cuyas idas y venidas serían imposibles de ocultar en una comunidad tan pequeña y cerrada como ésta.

-Estoy impresionado -dijo el oficial de inteligencia naval- Los informes sobre sus habilidades no exageraban en absoluto, lleva razón en todos los extremos. Efectivamente podemos localizar cualquier transmisor con presteza, puedo asegurarle que no hay emisoras clandestinas. También hemos investigado las señales infrarrojas. Varios barcos acechan la costa con dispositivos ópticos sensibles al calor, pues sabemos que el enemigo tiene muy desarrollada esta tecnología, pero no nos ha sido posible captar nada, a pesar de la minuciosa vigilancia.

-Asimismo –prosiguió- los hidrófonos no registran señales acústicas. Un sistema viable para comunicarse con sumergibles.

-Otro método investigado consiste en permutar algunos elementos visibles desde el mar, desde un periscopio o un aeroplano. Por ejemplo una ventana puede estar abierta o cerrada, se pueden cambiar de sitio los tiestos del alfeizar, y cosas así. Ni que decir tiene que la vigilancia que tenemos apostada controlando los puntos más visibles descubriría tales maniobras en el acto. Se anota todo cambio de objetos, y se ha advertido seriamente a la población sobre el particular. Por la noche se aplica el oscurecimiento de guerra con todo rigor, y el más mínimo rayo de luz sería detectado por los buques de vigilancia mucho antes que por el enemigo.

-Además –recalcó- de nada le serviría al espía cambiar de sitio dos o tres piezas de ropa de un tendal. Poca información transmitiría así, y sabemos bien que se envían mensajes complejos. Solemos avistar periscopios a pocas millas, y con más frecuencia se deja ver un solitario JU-88 a ras de las olas, que observa de lejos la línea de costa y desaparece antes de la llegada de los Hurricanes. Invariablemente sus radios emiten, un tanto después de abandonar la costa.

-Por fuentes de toda confianza hemos accedido al contenido de alguno de los mensajes captados por esos aeroplanos –Torner se sonrió, pues penetraba el significado de la frase fuentes de toda confianza – y sabemos que tienen unas treinta letras por término medio. Demasiado largos, pues, para métodos improvisados.

-Por los avistamientos de aviones y periscopios sabemos que se emite desde el Oeste de Mainland, lo que, nos permite acotar mucho la búsqueda y deja también patente la impunidad con la que ese granuja se desenvuelve.

-¿Han estudiado la posibilidad de que se trate de un transmisor direccional, que focalice la energía radiada en un campo muy estrecho? Dijo Torner, echando mano de sus amplios conocimientos de radiodifusión.

-Lo hemos considerado -contestó- pero no lo creemos posible. El haz de ondas, a medida que siguiese al avión receptor acabaría incidiendo en algún momento en las antenas de alguno de nuestros barcos, y no me consta que hayamos captado nada así. Y sería verdaderamente difícil que lo captase un submarino.

-Está bien –concluyó Torner levantándose y ofreciendo la mano al oficial- si no tiene inconveniente me voy a hacer un poco de turismo por la zona. Aquí le dejo una lista de cosas que voy a necesitar, espero que le de la máxima prioridad. Sobre todo a esto –dijo señalando varias veces una línea de la lista.

Dos días después, el señor Torner, equipado con botas de montaña, con los bajos de los pantalones metidos por los calcetines y cargando un zurrón con las provisiones y el equipo, comenzó la inspección del litoral de la isla con el mejor ánimo, pues a pesar de sus más de sesenta años conservaba intacta toda su corpulencia y agilidad. Además el salvaje entorno le estimulaba gratamente.

Unas veces, apoyado en un megalito de la Edad del Bronce, vigilaba con los prismáticos el caserío más cercano a la mar. Otras veces, sobre un túmulo neolítico, dibujaba esquemas en su cuaderno de campo bajo la uniforme luz del norte, con la bahía de Scapa Flow y la línea de acorazados a sus pies.

También efectuaba extraños experimentos que observaban con desconfianza los pastores de Las Orcadas: Medía con un fotómetro el albedo de las edificaciones o, si no, contaba las ovejas de prados vecinos, saltando el valladar entre el ladrido de los perros.

Una semana después, en el despacho del archiespía John Henry Godfrey:

-Señor Torner. No sé como agradecerle esta magnífica contribución. Ya hemos detenido al traidor. Es un relojero de Aberdeen, afincado aquí desde hace años. Nacionalista escocés, actuaba por despecho hacia el Gobierno de Su Majestad. No debe saberse jamás que el traidor es un natural de La Gran Bretaña, cuento con su discreción.

-¿Cómo sospechó de esa granja?, allí jamás ocurría nada.

- Precisamente por eso, Almirante. Su proximidad al mar, una calma y una uniformidad cuasi-perfectas, son las cosas que me hicieron sospechar más.

-Un almacén medio abandonado, que sólo se utilizaba para recoger un rebaño de ovejas, al cabo del día. Reconozco que me llegó a desesperar. La nave estaba vacía, con sus amplios ventanales a cada lado, con la mitad de los cristales rotos o llenos de mugre y el suelo hasta los tobillos de excrementos de oveja. Medí su albedo. Conté las hiladas de ladrillos. Los desconchados, los cristales rotos y los lamparones. Pero nada cambiaba. Hasta llegué a contar las ovejas que se estabulaban al día, y el número de claras y oscuras. Pero era absurdo, pues: ¡qué maravillosa y elegante solución habían concebido! Sólo mi vana afición al turismo, lo confieso, pudo, al fin, desentrañar el enigma.

Avispados lectores: ¿Cuál era el método utilizado por el traidor de Aberdeen para transmitir sus mensajes?

 

Mira que habia pensado en las gafas de sol

Que tonto soy... Resulta que habia pensado en ello, trabajo casi a diario con con aplicaciones con filtros y no he caído en la solución. Creo que he echado a perder los únicos 15 minutos de gloria que habria podido tener en Kriptopolis...:-)

Enhorabuena por el reto. Ya has podido comprobar a cuanta gente nos has hecho perder el tiempo. Así va el país...:-)

Muchas gracias y quedamos a la espera del siguiente....

A la cama no te irás sin saber una cosa más.

Enhorabuena a los dos. No sólo me he distraído, sino que ahora tengo una idea aproximada de como funcionan los filtros polarizados, cosa que seguramente no habría sabido de otra manera.

Y felicidades por la historia, yo también le doy un sobresaliente a la narración. Podría ser perfectamente parte de la trama de una novela. Creo que volveré por aquí.

Muy bueno

Yo también quiero darle la enhorabuena a Tokamak por el reto y lo bien creado que ha estado el relato. Y felicitar al tímido Perfro, que habla poco, pero cuando lo hace, lo clava.

magnifico.

Hola! felicidades tokamak.

Me habeis hecho pasar unos noches apasionantes, estrujandome la sesera.Simple y practico ,gracias Perfro

Ahora me enfrio la cabeza con agua muy fria.

Enhorabuena

Doy la enhorabuena a Perfro, un poco tarde, pero no he podido acceder antes.

A mí no se me había ocurrido esa solución, muy interesante, por cierto. Si hubieras dicho que los cristales de la nave estaban polarizados, que el submarino y el avión observaban a través de cristales polarizados, y que el señor Torner descubrió el enigma usando un cristal polarizado, pues quizá se me hubiera ocurrido la solución :).

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