Por Román Ceano
La llegada del invierno septentrional estaba poniendo fin a la campaña naval de 1942 en el Atlántico norte. En el Almirantazgo se hacía balance y el resultado no podía ser más amargo. Millones de toneladas de carga y miles de hombres habían ido a parar al fondo del mar. A pesar del esfuerzo supremo de los estadounidenses para fabricar barcos Liberty a cientos, a pesar del espectacular desarrollo tecnológico de la detección aérea y a pesar del enorme esfuerzo en mejorar las tácticas, había sido una campaña catastrófica y era dudoso que la causa aliada pudiera resistir otro año así.
El Almirantazgo volcó toda su frustración en un memorándum enviado a BP a finales de Noviembre, casualmente mientras los bolsones de Petard viajaban hacia Inglaterra. Escrito en un lenguaje agresivo, decía que “la campaña antisubmarina es la única de esta guerra en que BP no está haciendo ningún aporte, siendo como es la única campaña crítica que puede por sí misma causar la derrota.”
Este memorándum demostraba la ignorancia del Almirantazgo tanto sobre criptografía como sobre los esfuerzos que se estaban llevando a cabo en BP para descifrar la Enigma de cuatro ruedas. La más prometedora de las iniciativas era una super-Bomba que había sido encargada a Harold Keen de BTS y que supuestamente entrarían en acción en Febrero de 1943. Para ilustrar el grado de tensión que causó el memorándum, bastará decir que un día, mientras Herivel esperaba el tren en el andén de la estación, oyó a Turing y Alexander discutir a gritos en medio de la gente una estrategia para romper la Enigma de cuatro ruedas. Afortunadamente, el nivel técnico de la conversación era tan alto como el volumen al que tenía lugar. Herivel pensó que si él mismo no comprendía una sola palabra, cualquier espía alemán presente quedaría también in albis.